Se han escrito ríos de tinta sobre el proceso de catar vinos, y en la red y fuera de ella hay disponible un montón de información sobre el tema. Algunos de los libros que hablan sobre cómo catar vinos lo hacen de una forma que puede resultar demasiado complicada. En este post haremos una sencilla introducción sobre la cata de vino y en cuatro post posteriores os explicaremos de forma detallada las cuatro fases que hay que analizar para catar un vino

Fases de cata de un vino

Existen dos formas de catar un vino, mediante catas positivas o con catas negativas. En las catas de vino negativas se buscan defectos al vino y se le valoran carencias, y en las catas de vino positivas se buscan virtudes que se puntúan de forma positiva, con puntuaciones altas o bajas, pero siempre de forma positiva.

Entendemos que las catas negativas tienen su utilidad en el mundo profesional, pero en este post y en los posteriores hablaremos sólo de las positivas, ya que nos gusta catar vinos para disfrutarlos en compañía de las personas con las que las hacemos y creemos que se disfrutan más hablando de virtudes que de defectos.

La cata de un vino se compone de estas cuatro fases

1.- Fase visual

2.- Fase olfativa

3.- Fase gustativa

4.- Invitación a beber

En las tres primeras de ellas se analizan diferentes aspectos sensoriales y se les da una puntuación. Al final de esas tres fases se hace una media con las puntuaciones, que da la calificación global a ese vino.

La fase de “invitación a beber” se puntúa de forma cualitativa, y en ella se analiza cómo de agradable resulta un vino para seguir bebiéndolo. Hay vinos con puntuaciones muy altas, pero que por su estructura y algunos aspectos como por ejemplo una alta tanicidad, tienen invitaciones a beber bajas, y también ocurre al revés, y hay vinos que no tienen puntuaciones de cata muy altas pero que por ser muy agradables al paladar tienen una invitación a beber muy alta.

Catar vinos: los  corchos nos darán muchas pistas...

He tenido la suerte de poder ofrecer catas guiadas a muchas personas, tanto en bodegas como en ferias, y si algo he aprendido en este tiempo es que existen tantas percepciones como personas, con independencia de los conocimientos de vino que tengan. Todos no vemos igual los colores y ante un mismo vino un grupo de personas pueden percibir muy distintos tipos de sabores o aromas, ya que la percepción de los mismos depende de nuestros sentidos, de los colores, aromas o sabores que tengamos más capacidad de percibir y más fuertemente asentados en nuestra memoria y de nuestra actitud para enfrentarnos a una cata.

Antes de empezar una cata siempre digo a los asistentes que lo más importante para poder disfrutarla es quitarse el miedo a dar su opinión, que hay tantas percepciones de un vino como personas y que la cata será más enriquecedora cuantas más personas den su opinión sobre colores, aromas y sabores.

Sirva como ejemplo de esto una anécdota que me ocurrió en una feria. Acudió a nuestro stand un joven universitario al que habían regalado una invitación de asistencia. Le gustaba tomar vino, pero nunca había asistido a un curso de cata ni se había interesado por leer sobre vinos, y nos contó que nunca daba su opinión en una cata porque consideraba que tenía mal olfato. Le servimos el vino rosado Bodegas Prinur Red Passion (Cariñena) que tiene muy presente el aroma a fresa y le animamos a comentarnos qué aroma percibía en el vino … y él nos contestó que le olía “a mandarina”. Nos quedamos perplejos ya que ese vino tiene aromas a mandarina, pero muy por debajo de la fresa, y nos extrañaba que pudiera percibir el cítrico y no notara la fresa, más después de habernos dicho que consideraba que tenía mal olfato. Le insistimos para que volviera a olerlo y le preguntamos directamente si no notaba un aroma a fresa, y el insistió en que le olía a mandarina. Hablando con él un poco más nos contó que era de un pueblo de Valencia y que su padre tenía una finca en la que cultivaban mandarinas y había pasado muchos fines de semana de su infancia en la finca, rodeado de estos cítricos. Después de contarnos esto quedó todo aclarado, tenía fuertemente arraigado en su memoria olfativa el olor a mandarina y aunque la fresa estaba más presente él percibía el cítrico de su infancia…

No tengáis nunca miedo a dar vuestra opinión en una cata: aunque algún famoso crítico haya dicho que un vino huele a fresa, aunque a todos los de vuestro alrededor les huela a fresa… si a vosotros os huele a mandarina decidlo sin miedo, aunque vuestra percepción sea diferente a la de la mayoría seguro que vuestra opinión enriquecerá a tod@s l@s que están disfrutando de la cata con vosotr@s.

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